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Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la PAZ

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Hoy se celebra el día de la Paz. En centros escolares y entidades podemos ver símbolos, gestos y actividades en los que se invita a toda la comunidad a buscar la paz. El jueves 25 de enero, en Red Íncola celebramos junto la PAL de Jesuitas una vigilia de oración por la paz, guiados por el mensaje del Papa Francisco, con el compromiso de ser artífices del amor de Dios, de la justicia, del perdón, de la Paz..

La Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra es una aspiración profunda que tenemos todos, pero especialmente los que más sufren su ausencia. Guerras, persecución, discriminación, hambre, conflicto, intolerancia, prejuicios… son palabras que esconden a millones de personas migrantes y refugiadas, mujeres y hombres que buscan la paz.

El Papa Francisco describe las cuatro piedras angulares para la acción: 

- Acoger: recuerda la exigencia de ampliar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia, y equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales.

- Proteger: nos recuerda el deber de reconocer y de garantizar la dignidad inviolable de los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación. En particular, en las mujeres y en los niños expuestos a situaciones de riesgo y de abusos que llegan a convertirles en esclavos.

- Promover: tiene que ver con apoyar el desarrollo humano integral. Entre los muchos instrumentos que pueden ayudar a esta tarea, garantizar el acceso a la  educación, sacar el máximo provecho a sus capacidades, estar preparados para el encuentro con el otro, en clave de diálogo.

- Integrar:  significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales.

Son muchos los que comparten el sueño de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos y nuestra tierra verdaderamente en casa común. En la vigilia de oración, finalizamos rezando todos juntos el Padre Nuestro, siendo conscientes de que estamos convocados a ser una familia, y a cuidarnos unos de otros desde la acogida, desde la protección, desde la promoción y desde la integración.
 





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