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Café Solidario: una familia que me enseña a mantener la mirada atenta

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Hay muchos motivos por los que una persona decide ser voluntaria. Os dejamos el testimonio de Fátima que participa en Café Solidario, el voluntariado que acompaña a personas sin hogar por las noches.

Durante mis últimos años de carrera me di cuenta que la mayoría de mi tiempo lo usaba para estudiar, salir y relacionarme con gente en la misma situación o momento que yo. Un fin de semana de los pocos que venía a Valladolid, hablé con un amigo que me aconsejó dedicar parte de mi tiempo a las personas sin hogar y yo prometí pensármelo, y decirle algo cuando me instalara definitivamente en Valladolid.

Así que todo empezó cuando volví aquí después de estudiar la carrera en Madrid.
Decidí empezar en Café Solidario, un mes de septiembre de ya no recuerdo que año, lo que recuerdo perfectamente es lo fría que fue aquella primera noche que salí de ruta. De ese día tengo recuerdos sueltos pero hay uno que se repite cada noche de miércoles que vuelvo a casa después de la ruta, esa primera noche al llegar a mi casa con calefacción, agua caliente, cama y comida, me resulto difícil disfrutar de todo eso después de lo que había visto y vivido en la calle.

Café solidario es para mi una familia que me enseña cada día a mantener la mirada atenta, a no olvidarme de las personas más desfavorecidas y a ser agradecida con todo lo que la vida me regala. El ponerles nombre y cara hace que todos los voluntarios esperemos ansiosos la llegada de las rutas con el único fin de acompañar, darles algo caliente y pasar con ellos un rato.

Es una pena que hasta que no les pones nombre y cara a estas personas para nosotros son invisibles, por eso sigo saliendo cada miércoles porque no quiero olvidarme de ninguna de sus caras.





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