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Ángeles con brazos de amor y Esperanza

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La hospitalidad es acoger, conocer, acompañar y ayudar. Un valor que tenemos presente en Red Íncola cada día y que hoy queremos compartir con el testimonio de Riccy. Ella y su hija de 2 años llegaron en mayo a España huyendo de Honduras, y entraron a vivir durante unos meses en el recurso residencia Nyumbani (hermanas de María Inmaculada) de Red íncola. Ahora, desde su nuevo hogar nos envían estas palabras de amor y esperanza.

Después de creer que estaba destinada a la injusticia, al rechazo, al sufrimiento, sucedió lo inesperado. Dios (siendo yo creyente) respondió a mis oraciones. Solo fue necesario un contacto de correo electrónico con la organización Red Íncola (bendita tecnología) para llenar mi vida de esperanza y entusiasmo, realizando una travesía de 29 horas de Honduras a Madrid España donde me esperaba un ángel en el Aeropuerto internacional de Madrid que me condujo hasta su casa, en compañía de su esposa, quienes me hicieron sentir esa sensación de haber estado en una guerra, de la cual había salido con vida, y volvía a casa victoriosa recibida como héroe.

Al día siguiente los boletos de autobús estaban con el destino que se convertiría en mi paraíso. Desde el momento que llegamos con mi hija a Valladolid fuimos recibidas con muestras de cariño, que nos mostraban lo bendecidas y afortunadas que éramos por estar en ese lugar. Trasladadas a la casa de las hermanas de María Inmaculada, por Reyes de Red Íncola, la paz y la tranquilidad se fue adueñando de nuestro cuerpo y alma. Nos mostraron, en cada segundo de nuestra estancia, el significado de amor al prójimo en todo su esplendor en cada acción dirigida a mi hija y a mí.

Había llegado el momento de conocer a mi otro ángel, que era la persona de Red Íncola con la que me había comunicado por correo desde Honduras. María Luisa fue nuestro apoyo en todo momento y en quien encontré esa confianza para considerarla una amiga, por que se entregó y mostro esa solidaridad para mi hija y para mí. A veces creía que estaba viviendo un sueño hasta que llego la fecha de mi cumpleaños, y la realidad de cumplir 25 años no podía pasar desapercibida, extrañando a mi familia entró ese sentimiento de nostalgia. Pero mis ángeles no permitieron que ese sentimiento floreciera, ya que organizaron una fiesta para celebrar mi cumpleaños y el de mi hija. Levantándome los ánimos y con agradecimiento, por que en cada acción que realizaron, no permitieron que esos momentos de terror vividos en mi país volvieran a revivir en mi cabeza; dándome la mayor lección de vida, de que en esta vida son más las personas buenas dispuestas a ayudar y apoyar incondicionalmente a personas como yo, que por distintas razones perdimos la esperanza de tener una vida digna y tranquila.





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