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Un paso por Red Íncola breve pero con mucha vida

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Durante el último mes, el jesuita Jose María Segura nos ha acompañado como experiencia en su periodo de tercera aprobación. Aquí nos deja su testimonio, muchas gracias por todo lo que nos has aportado y formar parte de la familia de Red Íncola.

Una noche como otra cualquiera. De un lunes más. En Valladolid. Un grupo de personas de colectivos diversos. Reunidas en torno a un icono para recordar y despedir a Eugen. Para gritar en silencio que su vida importaba, para proclamar ¡ALGUIEN ha muerto! Una despedida hecha oración, ante un Icono del Señor, porque Eugen era Ortodoxo y porque le recordaban rezando con devoción en San Pablo.

Acudí a la despedida de Eugen con el equipo del Café Solidario de Red Incola. Uno de los programas en los que he podido participar este mes de ministerios en Valladolid y con quienes lunes y miércoles visitábamos a personas sin techo para llevarles un café, pero sobre todo para decirles con nuestra visita “nos importas”. Algunos de ellos conocían a Eugen, de quien me hablaron también otros compañeros de vida y de calle con quienes tomábamos café todas las tardes “con leche, con o sin azúcar, pero nunca solo” como rezaba el titular de un diario local para explicar el programa: Calor y Café. Un espacio de encuentro, ocio, esparcimiento, de estar en un sitio recogido a resguardo de la calle. En Calor y Café, hay café, infusiones… y cartas, dominó, ajedrez y sobretodo mucho cariño y voluntad de acoger: “Lo más importante es la acogida” me decía uno de los usuarios.

Algunos de los “cafeteros” nos encontrábamos también por las mañanas en la sede de la Red, en la Calle Olmo, donde he colaborado como “profesor” de español. Cualquiera que haya pasado por la experiencia de dar clases de repaso de español a migrantes habrá tenido en algún momento la sensación de caos: diferentes personas con distintos niveles alrededor de una mesa porque un día faltan otros profes… todos preguntando cosas distintas, y uno tratando de seguir cada uno a su ritmo… Caos total… pero sobreabundante cariño, de los voluntarios y de los alumnos. Un día bromeaba con ellos: aprender no sé si aprendéis, pero al menos nos reímos. Y uno de ellos contestó, “eso también es muy importante”. Y es muy importante porque así es como la Red se teje y permite acompañar y seguir y escuchar para en un momento dado poder intervenir.

Las clases, el café de la tarde y el ir a buscarlos de noche… Es una coreografía que permite ir conociendo sus historias y sus vidas, aprendiendo-les. Mientras te dan palizas jugando al ajedrez o al dominó (¡algunos son casi profesionales!), mientras te preguntan “cómo se dice…”, mientras les ofreces café una noche gélida de pie en la estación… se va tejiendo una relación capaz luego de sostener preguntas incómodas que permiten recomendar una atención específica, derivar a búsqueda de empleo o a un hogar o refugio de otra entidad o a un examen médico... o “simplemente” que la persona se sienta, persona, valorada, escuchada, que a alguien le importa.

Una Red así; tejida con capacidad de servicio y acogida, con humor y amor y con un poco de caos creativo que deja fluir la vida es capaz de acompañar a Eugen y de movilizarse e incidir para que no tengamos que despedir a nadie así de nuevo.

Mi paso por la Red Incola ha sido breve. Espero haber aprendido algo. Ciertamente “nos hemos reído” y hemos compartido cafés, lecciones de ajedrez y de Dominó, historias tristes y buenas noticias... ¡VIDA!

Con agradecimiento, Chema.






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