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¿Quien llorará su muerte? Descansa en paz Eugen

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Ayer en la noche, desde el programa de Café Solidario de Red Íncola, se hizo un acto despedida a Eugen. Este suceso vuelve a poner de manifiesto la situación de desprotección y vulnerabilidad en la que se encuentran las personas sin hogar. Os dejamos unas emotivas palabras que escribe su compañero Salus.

El miércoles 16 de marzo, a las 21,00, un grupo de personas se concentrarán junto a unas desvencijadas antiguas escuelas que tuvieron como titular a San Juan de la Cruz,best replica watches en el barrio de La Rondilla. Lo harán para despedir a alguien que marchó una noche de este mundo, sin que sepamos muy bien cómo y por qué. Solo se sabe que apareció flotando en las frías aguas del Pisuerga, en este incipiente mes de marzo.
Se llamaba Eugen y había venido de Rumanía. Tenía 56 años y solía pedir a la puerta de nuestra iglesia de San Pablo. Llegó con aspecto saludable y podía haber pasado por un visitante más de la ciudad. El tiempo, embadurnado de abandono, fue convirtiéndole en un pobre hombre coloreado por todo lo que acompaña a quien va dejando de lado lo que es el cuidado personal. Pronto llegó el alcohol y con él la dejadez en todo, buscando en esa bebida el consuelo y el olvido de historias que poblarían sus sueños de la lejana Rumanía.

Hace escasamente un mes recibió una trágica noticia. Un hermano más pequeño había fallecido en un accidente de moto en su país. Dejaba mujer e hijos pequeños. Lo contaba con una inmensa pena esperando comprensión. Su cara, atravesada por un rictus de dolor, expresaba con nitidez el desaliento que le iba carcomiendo. Poco a poco fue cayendo en un incierto mutismo. El dolor no le abandonaba y el consuelo traicionero de la bebida iba haciendo mella en su comportamiento. Un día notamos que ya no guardaba su puesto a la puerta de la iglesia. La razón de esa ausencia nos la facilitó el periódico. El río le había acogido en una noche oscura y solo un papel en uno de sus bolsillos indicaba de quién se trataba. Las incógnitas surgieron, sin poder encontrar razón que explicara el porqué de ese hecho. El desconocimiento de su historia, así como los detalles de su situación más personal, se los llevó consigo aquella noche oscura.

La concentración de esas personas, en lo que fueron las escuelas de San Juan de la Cruz, quiere expresar la solidaridad ante la desgracia vivida por un desconocido. Un gesto humanizador ante tanta indiferencia; también un grito, elevado desde el silencio de la noche, proclamando que nadie debería marchar de este mundo en una soledad descarnada, sin poder contemplar la mirada de alguien que fuera transmisora de ese consuelo soñado cuando ya casi todo ha perdido sentido.

¡Descansa en paz, Eugen! Al pasar junto a la puerta de San Pablo muchos te recordaremos y lamentaremos no haber sido capaces de entrar en tu mundo solitario y no haberte ofrecido la mano que aliviara un poco tus desventuras. Dios habrá calmado tu pena y la luz habrá llegado para siempre a esa noche oscura en la que concluyeron tus días, vividos sin horizonte, bajo la mirada insomne de esas esculturas que pueblan la fachada más hermosa de Valladolid, en esta tu familiar plaza de San Pablo.

Fr. Salus
10 de marzo de 2016





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