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Testimonio de Adilson, un mes en Red Íncola

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Casi treinta días se han pasado desde que llegué a Valladolid para conocer y colaborar en la Red Íncola.

Bien, antes de todo, es necesario que me presente. Mi nombre es Adilson Silva y soy un jesuita brasileño. Hace siete meses que la Compañía de Jesús, en Brasil, me envió a España para hacer la Tercera Probación, o sea, la última etapa de la formación de un jesuita. Tercera Probación es un tiempo en que el jesuita se dedica a mirar con más profundidad su vida como religioso, buscando encontrar a Dios en todos los sentidos de la vida y en todas las cosas. Tiempo de silencio, oración, reflexión y conocimiento.

Puesto eso, me gustaría hablar de ese tiempo vivido por aquí, especialmente de lo que he hecho y de las impresiones que se quedan en mi corazón en estos últimos días.

En primer lugar, me encantó la idea del trabajo en red y he podido percibir, entre los bastidores de la misma, cuantas manos son necesarias para tejerla fuerte y estable. Básicamente mi trabajo se resumió en estar en la sede de Red Íncola durante todas las mañanas, específicamente en la recepción y acogida. Desde ahí he podido conocer como se hace la atención básica y de emergencia al migrante que busca apoyo. Por las tardes estuve colaborando en Calor y Café, una de las tantas obras que integran la red, observando su organización y funcionamiento.

Pero todo esto, está en el ámbito de la logística y me gustaría hablar, desde el ámbito humano (de las manos que son necesarias para construir redes) que para mí es el corazón de la Red Íncola y su razón de existir, pues las tramas de una red se hace por medio de las interacciones y de interrelaciones.

Así, puedo decir que tuve el privilegio de compartir ese tiempo con personas que, en primer lugar, creen que un mundo mejor es posible y ponen toda su competencia para alcanzar ese objetivo. Hablo no de empleados o voluntarios de una entidad, sino de gente que teje relaciones y busca soluciones creativas para cambiar vidas reales. Colaboración hecha con amor, manos abiertas para donar y corazón grande para vencer las barreras que no son pocas.

Me gustaría, también, decir algo – en este ámbito humano–, del otro lado de esta relación de red: el migrante. La experiencia Bíblica nos recuerda ese cuidado y atención a la que estamos ligados por el vínculo de la caridad, pero esta gente sencilla y en ocasiones necesitada no puede ser reducida a un mero objeto de nuestro trabajo o voluntariado. Son gente que nuestra red quiere dar voz y vez. Gente que nos enseña los secretos más hondos de la persistencia y de la lucha por la justicia y la solidaridad. Gente que nos enseña el verdadero significado da la palabra humanidad.

Muchas gracias a todos por compartir la vida en estos pocos días de grandes experiencias. Gracias por la acogida, por el cariño, por las charlas y por el café compartido. En mi país no decimos adiós, más bien, decimos: vou sentir saudades (os echaré de menos)
 





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