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Pompas de Jabón: Ecos de una realidad en Valladolid

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Comenzar el curso con definiciones puede resultar raro y hasta aburrido, pero como premisa es necesario señalar que los servicios sociales son un derecho de la ciudadanía, recogido en varios artículos de la Constitución Española de 1978, y que no son cosa que debe estar a expensas de la beneficencia o la caridad. Es por eso que tenemos la obligación de exigirlos, y no permitir que las huellas de los pasos dados en estas casi tres décadas se borren como si hubiéramos caminado sobre polvo, o como si los derechos de los más desfavorecidos fueran efímeras pompas de jabón.

33 diciembres después de haber sido publicada la Carta Magna que regiría este país, el teléfono suena en mi mesa de trabajo. Una trabajadora social solicitando información sobre los pisos de acogida que Red Íncola pone a disposición de aquellas familias emigrantes que en cierto momento les vienen mal dadas. La pregunta habitual, ¿tenéis hueco libre? Un matrimonio con dos hijas lo necesita. La siento con un poco de “pudor” a la hora de describir el caso, pues ha escuchado varias veces que para esta familia no hay lugar: uno de los miembros de la familia tiene SIDA.

Entre las condiciones para el ingreso en las viviendas de la mayoría de los recursos de instituciones públicas o pseudo-públicas, hay una norma que dice “no podrán ingresar personas con enfermedades infectocontagiosas”. En la RED nunca se nos había presentado la situación, y esa regla no está entre las previstas. No nos podían infectar, ni contagiar nada físico, por lo que valoramos en el equipo de trabajo el caso como otro más, teniendo en cuenta cuestiones que nos parecen más importantes: posibilidades de inserción social, laboral y escolar en nuestro entorno.

Hace varios años llegaron a nuestra tierra desde su Rumanía natal, con la esperanza de que sus hijas tuvieran un futuro mejor. Trabajaron sin descanso en el campo (casi siempre sin papeles, sin contratos…) y las chicas se esfuerzan por integrarse en nuestro sistema escolar. La lengua es un reto, es una familia completamente normal, organizada, responsable, agradecida y, “buena gente”. De piel y cabello claro como tú y como yo. Pero las garras del VIH, hicieron mella en la familia… Las horas que la madre echa limpiando aportan lo justo para ir comiendo, el padre permanece ingresado varias semanas y comienza el tratamiento antirretroviral que lo tendrá que acompañar toda la vida… tiempo de convalecencia, de recuperarse, de asumir la enfermedad, de aprender a convivir con ella.

Tras permanecer tres meses en nuestros pisos, el padre casi recuperado encuentra trabajo en el campo y la madre en una casa mientras las chicas reciben refuerzo escolar. La red de voluntariado de nuevo en marcha, ponen todo su corazón y bien hacer en juego. A final de julio ya han podido alquilar una nueva vivienda, tienen trabajo y, caminan ya en otra nueva etapa familiar.

Y nuestros políticos y administraciones de turno, prefieren ignorar la realidad al dejar en el olvido aquello que no aporta prestigio, ni llena sus bolsillos: los servicios sociales. Son bonitas las pompas de jabón, es difícil mirarlas y no sonreír, me gustan… es un juego simpático de niños… pero las personas somos mucho más que meras pompas que desaparecen en el azul del Universo. Muchas personas que yo conozco tienen alas… alas de ESPERANZA.

Mª Luisa San Martín
 





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