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Decepción ante la reforma de la Ley de Extranjería. Se ha perdido una gran oportunidad de prestar un auténtico servicio al bien común y a la causa de los derechos humanos

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Hace unos días, el jueves 26, se ha aprobado en el Congreso de los Diputados la reforma de la Ley de Extranjería. Esta ley entrará en vigor un día después de su publicación en el Boletín Oficial del Estado. Muchos agentes sociales nos sentimos decepcionados debido a que numerosos elementos introducidos en la nueva ley disuenan con una política de inmigración orientada hacia una verdadera integración intercultural.

Existen varios enunciados que nos dejan muy preocupados, como son la fragilidad en el ejercicio a derechos básicos como son la sanidad y la educación debido a la dificultad en el acceso al padrón municipal, el recorte a la reagrupación familiar, el desamparo a mujeres extranjeras en situación irregular víctimas de violencia de género, el incremento de las sanciones contra la población extranjera de forma desproporcionada y la ampliación en el plazo de internamiento en los Centros de Internamiento para Extranjeros hasta los 60 días.

En cuanto a los menores inmigrantes, la reforma considera a estos niños como inmigrantes irregulares, dejando a las Comunidades Autónomas un ambiguo margen de maniobra para establecer acuerdos con los países de origen y la gestión de la tutela.

¿Cómo nos deja a la ciudadanía en general esta reforma de la Ley? En una época de crisis económica, donde es fácil encontrar chivos expiatorios entre los débiles y los que no tienen capacidad para ejercer su voto, uno se pregunta: ¿Qué monstruo estamos creando?

En épocas de bonanza económica, cuando una mano de obra barata nos hizo crecer a la cabeza de Europa, cuando veíamos incrementar nuestras arcas de la Seguridad Social, cuando muchos de nuestros colegios cobraban un respiro con la llegada y nacimiento de niños venidos desde otros territorios, cuando nuestro sistema de pensiones parecía respirar tranquilo, cuando nuestros mayores se sentían verdaderamente atendidos, nuestro campo reducía su despoblación,… todo eran elogios y “vista gorda” a nivel legal. ¿Qué nos está ocurriendo ahora? ¿No son las mismas personas? Personas que se sientan a nuestro lado en la escuela, en la sala de espera del médico, en la fila de entrada a los estadios, etc.

Muchos de nosotros creemos que se ha perdido una gran oportunidad de prestar un auténtico servicio al bien común y a la causa de los derechos humanos. Seguimos sin definir un marco legal para la inmigración donde se integren las voces consensuadas de los diversos agentes sociales que han venido debatiendo diferentes propuestas a lo largo de este proceso de redacción y aprobación de la reforma de la LOEX.

Sigue siendo una visión eminentemente economicista y centrada en el mercado de trabajo la que continúa rigiendo una política migratoria que va dejando paulatinamente de lado la realidad de una sociedad cada día más plural e intercultural.
 

 

 





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